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quarta-feira, 11 de setembro de 2019
To the 5 Boroughs
I see you're still strong after all that's gone on
Lifelong, we dedicate this song
Just a little something to show some respect
To the city that blends and mends and tests
Since 9-11 we're still livin'
And lovin' life we've been given
Ain't nothing gonna take that away from us
We lookin' pretty and gritty 'cause in the city we trust
Dear New York I know a lot has changed
Two towers down but you're still in the game
Home to the many, rejecting no-one
Accepting peoples of all places, wherever they're from
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quarta-feira, 5 de junho de 2019
quarta-feira, 30 de janeiro de 2019
Fax de Sarajevo
Às vezes é preciso lembrar que à beira do século XXI houve uma guerra em plena Europa que quase acabou com um povo e uma nação. Uma guerra onde morreram centenas de milhar de pessoas. Civis. Pessoas como nós. Crianças, muitas, alvos predilectos dos snipers genocidas que ganhavam por cabeça.
"Faz de Sarajevo" descreve a história de Ervin Rustemagić e da sua família durante o cerco que, entre 92 e 96, as tropas militares e para-militares sérvias de Milosevic, o carniceiro dos Balcãs, fizeram à cidade. Limpeza étnica.
Isolado e sem quase poder sair à rua, Ervin (amigo do autor Joe Kubert) dispunha apenas de um fax para contactar com o exterior e relatar as atrocidades que todos os dias eram cometidas naquele pedaço de Bósnia, por entre o rebentamento de obuses, tiros e granadas, e enquanto o resto do mundo assistia pela televisão a mais uma tentativa de extermínio.
Três anos depois da guerra estive em Sarajevo. Já aqui contei. De como encontrámos a cidade. Semi-destruída. De olharmos para o edifício do Parlamento estilhaçado e rebentado pelos morteiros. E do "Holiday Inn", onde Ervin, a mulher e os filhos acabaram por conseguir se refugiar, quando perderam a casa. De como tropeçávamos em parques convertidos em cemitérios. E da estação de comboios, deserta e a abandonada.
Às vezes é preciso lembrar que à beirinha do século XXI houve uma guerra em plena Europa.
"Is there a time for human rights ?"
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segunda-feira, 21 de agosto de 2017
Visca Barcelona !
En ese recuerdo, bajar o subir por Las Ramblas siempre era hacerlo de la mano de alguien que te cuidaba, te protegía, evitaba que te perdieras. Escribo esto sabiendo que han asesinado a un niño de tres años que fue a Las Ramblas con su tía —que ayer aún estaba grave— y otros miembros de su familia. Eso —que uno de los tuyos quisiera respirar un poco y se acercara hasta a Las Ramblas y te llevara con él, previamente acicalado y decente— era usual. También ahora. Sobre todo para barceloneses de fuera del centro o de alrededores.
Ramblas desde Plaza Catalunya hasta el monumento a Colón o a la inversa. Pienso en el crío, en la familia, en el asesino, en la familia del asesino y pienso en Barcelona y me percato de que al hacerlo en Barcelona lo hago no como una ciudad sino como una comunidad —herida hoy— y me doy cuenta —por mucho que puedas llevarte mal con la madrastra que puede ser Barcelona— que siempre perteneces al sitio donde estuvo la gente que te dio la mano para que no te perdieras.
Pasaba el tiempo y por Las Ramblas seguías yendo atado a otros. De tu pareja, de un policía o abrazado a tus amigos, bajando a comprar discos de segunda mano o subiendo, eufórico, mientras Las Ramblas eran regadas, ya de madrugada escupidos desde bares como Karma, Glaciar, Jamboree, Les Enfants o Sidecar.
Las Ramblas son la mejor expresión de los barceloneses. De cualquiera de nosotros. Cuando venía gente de fuera, los llevabas a Las Ramblas porque estabas orgulloso de ellas. Sólo era un paseo —hay lugares más bonitos o impresionantes en la ciudad— pero un paseo repleto a todas horas de gente tan bonita e impresionante como horrible e impresentable. Personas distintas embriagadas por el extraño sortilegio de la acumulación y la tolerancia, y que, por lo tanto, hacía que no te encontraras extraño o rechazado mientras pisabas esas olas dibujadas en el suelo de Las Ramblas. Creo que es imposible pisarlas y no sentirte parte de una comunidad al hacerlo. Una comunidad de la que además sentirse orgulloso. Por abierta, por gigante, por luminosa. Es, en cierto modo, terreno sagrado por laico, y es que en Barcelona siempre ha cabido todo el mundo y nunca sobró nadie. Ni antes ni ahora.
En Las Ramblas descubrías muchas cosas y encontrabas otras que no supieras que andabas buscando: drogas, una pulsera, un familiar que no debería estar allí o un paraguas. Bajabas de adolescente porque allí estaba lo que podías y no debías saber. La vida en toda su complejidad y maravilla. Luego volvías a casa y ya no eras el mismo. Nunca regresabas igual enfrentado a la cena recalentada en el comedor familiar, de repente tan gris y vulgar.
Descubrí a Baudelaire en un quiosco en Las Ramblas y el Berlín de Lou Reed en una tienda de segunda mano. Me llevaron a escuchar Verdi al Liceo, me topé muchas veces con la Negra Flor, trataron de que hiciera catequesis en l'Església de Betlem y me enseñaron a beber absenta con cuchara. Músicos en la calle, gente que hacía caricaturas, vendedores de cualquier cosa y a viejas amigas de mis abuelas. Mis familias vivieron ambas en el Chino —antes Distrito V, ahora Raval—, en calles sin luz del sol, que iban a parar a Las Ramblas y éstas al mar, y ninguna de las dos cosas era —retorciendo al clásico— el morir sino —todo lo contrario— el vivir para mis dos abuelas.
Volvías de ese paseo de la mano de tu padre o tu tía sabiendo que había cientos de vidas distintas por vivir y tipos que vendían pulseras, hacían malabarismos con balones, mujeres que eran hombres, hombres que eran mujeres, marineros negros de blanco y turistas naranjas, contentos y sorprendidos de estar pisando aquel paseo, de ser gente aquí y ahora en tu ciudad, Barcelona. Y también sabías que pisabas territorio de gigantes: pintores —uno de ellos frenó con su dibujo una furgoneta asesina—, poetas y diarios de ladrones, vidas privadas, despachos de detectives que habían matado a Kennedy; Casos savoltas y bailes de watusi; el fracaso del musclaire y un argentino rumbero; y chupas de cuero y ojos como cámaras en noches en las que salía el sol por la avenida de la Luz. Los vivos y los muertos vivos subían y bajaban contigo por Las Ramblas.
Pones hoy la televisión, lees la prensa y las cifras, los comentarios, los políticos, los asesores, las imágenes y la palabra de tu ciudad, Barcelona, y Las Ramblas. Ves zonas, en especial de Las Ramblas que, al estar desiertas, te cuesta reconocer. Pero sobre todo ves a gente de Barcelona. Gente de Barcelona con miedo, gente de Barcelona que no se quiere dejar asustar. Gente de Barcelona de Honduras, de Nueva York, de Madrid, de Santander y de Santiago de Chile. Gente de Barcelona con maletas. Gente de Barcelona en el suelo, muerta o herida, en una figura atrozmente imposible. Gente de Barcelona curiosa y gente impotente de Barcelona. Gente de Barcelona que quiere hablar y otra que quiere olvidar. Gente de Barcelona que ayuda. Gente de Barcelona que espera. Gente de Barcelona que dona sangre y gente que la vierte.
Da igual que esa gente sólo lleve unas horas en Barcelona. Pertenecen a una comunidad porque todos están buscando u ofreciendo una mano que les haga bajar o subir Las Ramblas para que nadie —aunque cruce a cuatro ruedas en furgoneta y en zigzag— se considere mejor que nadie, con más derechos que nadie ni poseedor de ninguna verdad ni ningún dios mejor que cualquiera de nosotros, gente aquí y ahora, de Barcelona.»
"De la Mano", por Carlos Zanón, 'El País', 19.08.2017
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quinta-feira, 25 de maio de 2017
"Carta a um filho após o atentado de Manchester", por JMT
«Ainda há cinco dias estavas no Meo Arena a assistir ao filme-concerto do Harry Potter – tenho pensado nisso nos últimos dias. Aquilo que aconteceu em Manchester poderia ter acontecido em Lisboa. Nós temos a sorte de viver num país pequeno, com uma comunidade muçulmana pacífica e integrada, mas os terroristas islâmicos odeiam da mesma forma ingleses, americanos, franceses, belgas, alemães, suecos ou portugueses – não porque lhes tenhamos feito alguma coisa, mas porque não aceitam a maneira como vivemos. Odeiam-nos por aquilo que somos, e esse é o pior ódio de todos. Para eles, o bem que possas fazer ao longo da tua vida não compensa todo o mal que representas neste momento. É uma ideia horrível, eu sei, mas não desesperes: cada um de nós tem a arma certa para combater essa ideia. O papá, a mamã, os teus manos – e tu também.
Desde logo, perante tanto ódio, a primeira coisa que deves sentir não é medo, mas gratidão. Uma gratidão profunda por teres tido a sorte de nascer em liberdade, num país democrático, onde cada um de nós – e também os partidos, o Governo, os tribunais – acredita que todas as pessoas têm os mesmos direitos, sejam elas velhas ou novas, ricas ou pobres, cultas ou analfabetas, homens ou mulheres, cristãs, muçulmanas ou ateias. Os terroristas islâmicos não aceitam isso. Aliás, eles odeiam tais ideias. Mas foram esses princípios, pelos quais muitos homens bons e corajosos lutaram e morreram ao longo dos séculos, que nos deram tudo o que temos: a paz, a prosperidade, a possibilidade de cada um alcançar os seus sonhos se trabalhar o suficiente e tiver suficiente talento. Eu sei que tu nunca conheceste outra forma de viver, e dás isso por adquirido, mas há muita gente que não tem a tua sorte. Tens o dever de honrar a memória de todos os que lutaram – e ainda lutam – pela liberdade. Outra coisa que tens de fazer, apesar de todo o horror que vês na televisão, é lembrar-te que por cada gesto de ódio há mil gestos de bondade. Por cada terrorista que se faz explodir há mil pessoas que ajudam as outras, que as levam a casa, que lhes dão abrigo, que curam as suas feridas, que as consolam. A esmagadora maioria das pessoas à tua volta é gente boa, que todos os dias dá o seu melhor. Nunca, mas nunca, cedas ao desespero de achar que no mundo a maldade supera a bondade. Se nós hoje vivemos muito melhor do que há mil anos, se hoje em dia o mundo é um lugar muito menos violento, é porque no coração do ser humano a luz ganha às trevas. Pode não ganhar todas as vezes. Pode não ganhar durante muito tempo. Mas a bondade, o amor e a justiça são para nós o que os dentes e as garras são para os predadores – instintos preciosos que preservaram a nossa espécie ao longo de milénios. E nunca te esqueças: apesar do teu tamanho e da tua idade, já tens a arma mais importante de todas para combater estes homens terríveis. Esquece as pistolas e os coletes à prova de bala – a melhor forma de derrotar os terroristas é continuares a fazer o que fazes todos os dias. Não deixares de ir a um concerto porque tens medo. Não deixares de viajar porque tens medo. Não deixares de ser simpática para quem é diferente de ti porque tens medo. Podes sentir medo, claro. Mas a tua coragem deve superar esse medo. Numa guerra onde há quem queira destruir tudo o que amas, continuares a ser quem és e a fazer o que te apetece é a mais bela forma de resistência.»
João Miguel Tavares, in 'Público'
Desde logo, perante tanto ódio, a primeira coisa que deves sentir não é medo, mas gratidão. Uma gratidão profunda por teres tido a sorte de nascer em liberdade, num país democrático, onde cada um de nós – e também os partidos, o Governo, os tribunais – acredita que todas as pessoas têm os mesmos direitos, sejam elas velhas ou novas, ricas ou pobres, cultas ou analfabetas, homens ou mulheres, cristãs, muçulmanas ou ateias. Os terroristas islâmicos não aceitam isso. Aliás, eles odeiam tais ideias. Mas foram esses princípios, pelos quais muitos homens bons e corajosos lutaram e morreram ao longo dos séculos, que nos deram tudo o que temos: a paz, a prosperidade, a possibilidade de cada um alcançar os seus sonhos se trabalhar o suficiente e tiver suficiente talento. Eu sei que tu nunca conheceste outra forma de viver, e dás isso por adquirido, mas há muita gente que não tem a tua sorte. Tens o dever de honrar a memória de todos os que lutaram – e ainda lutam – pela liberdade. Outra coisa que tens de fazer, apesar de todo o horror que vês na televisão, é lembrar-te que por cada gesto de ódio há mil gestos de bondade. Por cada terrorista que se faz explodir há mil pessoas que ajudam as outras, que as levam a casa, que lhes dão abrigo, que curam as suas feridas, que as consolam. A esmagadora maioria das pessoas à tua volta é gente boa, que todos os dias dá o seu melhor. Nunca, mas nunca, cedas ao desespero de achar que no mundo a maldade supera a bondade. Se nós hoje vivemos muito melhor do que há mil anos, se hoje em dia o mundo é um lugar muito menos violento, é porque no coração do ser humano a luz ganha às trevas. Pode não ganhar todas as vezes. Pode não ganhar durante muito tempo. Mas a bondade, o amor e a justiça são para nós o que os dentes e as garras são para os predadores – instintos preciosos que preservaram a nossa espécie ao longo de milénios. E nunca te esqueças: apesar do teu tamanho e da tua idade, já tens a arma mais importante de todas para combater estes homens terríveis. Esquece as pistolas e os coletes à prova de bala – a melhor forma de derrotar os terroristas é continuares a fazer o que fazes todos os dias. Não deixares de ir a um concerto porque tens medo. Não deixares de viajar porque tens medo. Não deixares de ser simpática para quem é diferente de ti porque tens medo. Podes sentir medo, claro. Mas a tua coragem deve superar esse medo. Numa guerra onde há quem queira destruir tudo o que amas, continuares a ser quem és e a fazer o que te apetece é a mais bela forma de resistência.»
João Miguel Tavares, in 'Público'
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quarta-feira, 24 de maio de 2017
quarta-feira, 12 de abril de 2017
Istambul já não é Istambul.
Há 15 anos fui a Istambul e depois a uma parte do interior turco. O Bósforo, a ponte, as colinas, os edifícios que se engalfinham desde o mar lembravam-me Lisboa com odor a narguilé. Algumas ruas, os bairros de Alfama e da Mouraria. Até uma certa Luz na cidade.
Mas depois tudo era diferente. As mesquitas, o eco dos muezzins cinco vezes ao dia, as especiarias e a feira no Grande Bazar, a língua, os rostos.
Apesar da parte ocidental, de Ortaköy, aquele pedaço de terra ancorado à Europa, dos vestígios do antigo Império Otomano e Bizâncio, estávamos - e sentíamos que estávamos - num país onde mandava o Islão.
Apesar da parte ocidental, de Ortaköy, aquele pedaço de terra ancorado à Europa, dos vestígios do antigo Império Otomano e Bizâncio, estávamos - e sentíamos que estávamos - num país onde mandava o Islão.
Hoje, não me apanhavam na Turquia. Não é a mesma. E já não quer a União Europeia para nada. Mas aí nem os podemos culpar. Ao ritmo a que isto vai.
A fronteira com a Síria e com o Iraque, e com o resto do mundo árabe, bem como o papel geo-político que assumiu no confronto que há mais de cinco anos arrasa aquele país, tornam a Turquia um alvo-escola para os terroristas. A Turquia ?
É todo o mundo que está assim, pendurado por um... califado. Que invenção do demónio !
Até pode ser o estertor do estado islâmico, mas desde o início do ano já explodiram cinco atentados.
Até pode ser o estertor do estado islâmico, mas desde o início do ano já explodiram cinco atentados.
Em Istambul ainda batiam as doze horas do 1º de Janeiro.
Depois Londres, São Petersburgo e já Estocolmo. * E agora o Cairo. A uma semana da Páscoa. Que é para nem falar nos outros continentes.
Ah, pois, sempre houve atentados terroristas na Europa: ETA, IRA, Brigadas Vermelhas, Baader Meinhof. So what ? É suposto ficar indiferente ?
Ah, pois, sempre houve atentados terroristas na Europa: ETA, IRA, Brigadas Vermelhas, Baader Meinhof. So what ? É suposto ficar indiferente ?
"Os europeus vão ter que se habituar.", é a nova ordem internacional.
Repetir até habituar. Para abandonar a capa dos jornais e passar tudo ao rodapé. Acabar com o choque surpresa e agora quem é que reza ou pensa em quem partiu assim ? Sem um minuto de silêncio ? Sem uma flor ou uma vela. Sem posts virais no facebook. Até Berlim parece que já foi há um ano.
"Os europeus vão ter que se habituar.". Impossível. Ficar refém também é isto.
Repetir até habituar. Para abandonar a capa dos jornais e passar tudo ao rodapé. Acabar com o choque surpresa e agora quem é que reza ou pensa em quem partiu assim ? Sem um minuto de silêncio ? Sem uma flor ou uma vela. Sem posts virais no facebook. Até Berlim parece que já foi há um ano.
"Os europeus vão ter que se habituar.". Impossível. Ficar refém também é isto.
Impossível ignorar quem morre só porque está ali.
Impossível entrar na rotina de ataques como o do new year's day, enquanto brindam os flutes e estoiram foguetes, ou se beija quem se ama. Sem sentir um frémito.
Impossível desviar o rosto como se faz a mais um acidente na estrada, ou porque é longe e não é connosco, pelo menos para já, ou agora. Uff !.....
* e Manchester (actualizado a 23.05.17).
** e Londres, again (actualizado a 3.06.17).
*** e Barcelona (a 17.08.17).
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Zooropa
quinta-feira, 22 de dezembro de 2016
terça-feira, 20 de dezembro de 2016
domingo, 11 de setembro de 2016
sábado, 16 de julho de 2016
sexta-feira, 17 de junho de 2016
sexta-feira, 6 de maio de 2016
terça-feira, 22 de março de 2016
sexta-feira, 27 de novembro de 2015
efeito Paris 13.11
- ir a um concerto em Lx. e sermos revistados (duas vezes);
- ver Bruxelas deserta e com tanques na rua;
- as polícias nas fronteiras a revistar carros, malas e passageiros.
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Zooropa
quarta-feira, 18 de novembro de 2015
segunda-feira, 16 de novembro de 2015
quinta-feira, 10 de setembro de 2015
terça-feira, 8 de setembro de 2015
quarta-feira, 8 de abril de 2015
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