Las madres de Plaza de Mayo, mujeres paridas por sus hijos, son el coro griego de esta tragedia. Enarbolando las fotos de sus desaparecidos, dan vueltas y vueltas a la pirámide, ante la rosada casa de gobierno, con la misma obstinación com que peregrinan por cuarteles y comisarías y sacritías, secas de tanto llorar, desesperadas de tanto esperar a los que estaban y ya no están, o quizás sigen estando, o quién sabe:
- Me despierto y siento que está vivo - dice una, dicen todas -,
Me voy desinflando mientras pasa la mañana, Se me muere al mediodía. Resucita en la tarde. Entonces vuelvo a creer que llegará y pongo un plato para él en la mesa, pero se vuelve a morir y a la noche me caigo dormida sin esperanza. Me despierto y siento que está vivo...»
- Me despierto y siento que está vivo - dice una, dicen todas -,
Me voy desinflando mientras pasa la mañana, Se me muere al mediodía. Resucita en la tarde. Entonces vuelvo a creer que llegará y pongo un plato para él en la mesa, pero se vuelve a morir y a la noche me caigo dormida sin esperanza. Me despierto y siento que está vivo...»
Eu vi estas mulheres. De lenço branco atado à cabeça. 26 anos depois. Mulheres (já) na terceira idade num domingo de 2003.
Continuavam lá. Dando voltas e voltas na Praça de Maio.

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